A contraluz la observo,
en medio de la sala.
Ella no se da cuenta.
Juega con su hula, hula.
Sonríe, danza,
imagina que vuela,
que domina al fuego con el movimiento de sus caderas.
Alza las manos, como colibríes.
Pierde el equilibrio.
Ríe a carcajadas.
Es la niña que se juega la vida
en un aro de luz.