a L.
I
Detrás del templo, como a escondidas,
disfrutamos un helado.
Olía a la lluvia.
Generosidad que reverdece
los árboles
y despierta la tierra.
Tu perfume se podía morder.
II
Deslizaste sobre tus labios
la cucharita,
y el cielo, imitándote,
reveló su magenta inquietud de luz sobre las nubes.
Palabras humedeciéndose
en el yogurt hecho hielo.
Tu risa cítrica se evaporaba
después de acariciar el aire.
III
De morado se decoró mi gusto.
Trocitos de arándanos
aterrizaban
en las papilas gustativas.
Se me diluía la lengua
en mi propia boca.
Entumecimiento breve.
IV
La tarde arrasó con el murmullo de nuestros cuchareos.
Tentada estuve
de pedir probar el coco de tu vaso;
me gusta evocar el mar
a través de su sabor dulce y áspero.
Sólo contemplé,
con disimulo, espero,
la manera en que desvanecías
mi esperanza.
V
Después del ritual,
nuestros pasos cayeron sobre el adoquín,
aún mojado,
sin rastro ya de frías delicias.